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JORNADA DEMOCRÁTICA, ¡un logro de todos!

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Serían como las 8 de la mañana cuando me formé en la fila para votar por primera vez, a mis dieciocho años, en 1983.  Sobre la calle 9 sur, entre la 43 y 41 poniente, en la acera derecha en el sentido de la calle, hicimos cola unas 30 personas, entre ellos el Ing. Ramón López, mi profesor de estudios sociales en la universidad.  - "Buenos días", le dije. - "Buenos días", me contestó. "Ya era hora de que estuviera abierta la casilla, no sabemos qué pasa." - "Habremos de esperar", dije, un poco cortado. En ese entonces las elecciones las organizaba el propio gobierno, a través de la secretaría de gobernación. En ese año, en esa elección, compitieron por la alcaldía de Puebla Jorge Murad del PRI (qepd) y Ricardo Villa Escalera del PAN. Resulta, entonces, que tras unos quince o veinte minutos sin que nada pasara, ni se moviera la fila, salió un funcionario electoral a decir que ya no se podría votar porque se había agotado las bo...

Los actos morales, el deseo de bien

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La ética o moral trata de la bondad o maldad de los actos humanos, distintos de los denominados actos del hombre. Los primeros son aquellos que la persona realiza de manera voluntaria y consciente y, por tanto, libre y responsablemente. Los segundos son aquellos que la persona realiza de manera inconsciente e involuntaria. Dentro de los primeros podemos encontrar los actos de amor, el trabajo, el estudio. Dentro de los segundos caben el respirar, sentir o las funciones digestivas. Para que un acto se califique moralmente es necesario, por tanto, que se realice de manera voluntaria y consciente. El grado de consciencia y voluntad podrán ser mayor o menor, pero siempre que estén presentes estas características, podemos decir que hay un acto humano y por tanto libre y responsable. La ética o moral estudia los actos humanos, que serán su materia de estudio o atención, en tanto se orientan al bien o al mal, esta será la forma o el aspecto bajo el cual los estudia o atiende. Ahora...

La coherencia como don, regalo de un encuentro

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La tensión moral, la moralidad, introduce en nuestra vida un deseo, un anhelo, un movimiento por querer alcanzar el ideal, como aquello capaz de darnos satisfacción, realización y cumplimiento. El ideal es percibido como aquello a lo que estamos llamados a ser y realizar. De aquí brota el deseo de coherencia, entendida como el paso del querer ser al ser, es decir, el cambio que nos va haciendo más semejantes al ideal. Percibimos la necesidad de hacer un camino, que implica un esfuerzo y un sacrificio. Si nos movemos y estamos dispuestos al esfuerzo y sacrificio es porque la conciencia que tenemos del bien deseado o mejor, la experiencia de ese bien deseado, no mueve, nos atrae, nos da la fuerza para andar. Quienes hemos subido montañas, cuando vamos por el bosque y no vemos la cima y el camino es empinado, agradecemos el momento en que vislumbramos la punta y, curiosamente, nos vienen nuevas fuerzas para seguir caminando a pesar del cansancio. Es la fuerza del ideal que nos atrae. ...

Moralidad: tensión entre realidad e ideal

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Al hablar de moral o de ética, normalmente nos viene a la mente la idea de reglas que se deben cumplir, normas de conducta. Y aunque esto no es equivocado, no es completo. La moralidad no son solo reglas y la ética no son solo comportamientos adecuados. La moralidad es una tensión provocada por un deseo, por un atractivo. Todos hemos tenido la experiencia de algo que nos atrae o nos gusta. Así, yo puedo querer comer en este momento unos tacos, pero me doy cuenta que no me conviene porque si ceno tacos, sueño pesadillas. Esta tensión entre el deseo, el gusto de comer tacos y la conveniencia de hacerlo, es una tensión. Ante esta situación yo hago un juicio, es decir, tomo conciencia de la situación y puedo valorar qué es lo que más me conviene y así tomar la decisión. Puede ser que el atractivo por los tacos sea tan grande que decida comerlos aunque me produzcan pesadillas, pero también puede ser que prefiera no comerlos y escoja dormir bien La vida está llena de deseos...

EL DESEO, un punto de donde partir

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Paradojas de la vida.  La vida que se nos ha dado parece que nos traiciona. El deseo de felicidad y el anhelo de realización se ven ensombrecidos por la pobreza de nuestros logros. No podemos erradicar el hambre, las guerras, las divisiones, los odios, la corrupción. Desde un punto de vista, parece cierta la sentencia que dice que "el hombre es lobo para sí mismo", se devora y auto destruye. Para muchos la experiencia de su vida es paradójica frente a esta realidad: viven bien, tienen familia que los quiere, estudian, trabajan, vacacionan, comen en restaurantes, viven una vida satisfecha. ¿Por qué para unos la vida es más fácil? ¿Por qué si tenemos todo, vivimos insatisfechos? ¿Por qué siempre deseamos más? La provocación de las circunstancias.  La vida nos golpea, nos pone de frente realidades como la del  niño que se quita la vida de un tiro después de disparar contra su maestra y compañeros de clase o ...

Cautivado por la ALEGRIA

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La autobiografía que C.S. Lewis escribió con el título "Surprised by Joy", narra la historia de su conversión de ateo a cristiano anglicano. Con la honradez que le caracteriza, abre de par en par su alma, sin elevaciones espirituales ni sentimentalismos. Su recorrido es un recorrido guiado por un afecto razonable o por una razón afectiva, nada más humano pues son dos elementos constitutivos de la libertad. El momento de la conversión, o mejor, el momento en que toma conciencia de su conversión, es descrito como el momento de la máxima libertad de un hombre frente a su destino, frente a Dios y frente a sí mismo. La fe, sin que lo diga explícitamente, se define como el reconocimiento, caer en la cuenta, no solo de la existencia de Dios, sino de Su presencia discreta en la vida de todo hombre, nada que ver con un salto en el vacío, una exaltación emotiva o una firme convicción, sino más bien, la rendición frente a la evidencia. Su lectura me provocó algunas de las reflexiones...

¿Epoca de cambio o cambio de época?

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La justificación por la fe. En una entrevista que le hicieron a Papa emérito Bendicto XVI, sobre el tema de la necesidad de la fe para la salvación, respondió que hasta antes del Concilio Vaticano II la convicción de la Iglesia era que la fe es indispensable para que el hombre se salve y esto explica el ímpetu misionero de la cristiandad, sobre todo al descubrirse América y todos los pueblos que la habitaban. Sin embargo, prosigue el Papa Benedicto, esta convicción ha sido definitivamente abandonada por la Iglesia a partir de Concilio al reconocer que Dios salva al hombre por caminos distintos. Lo tremendo de estas afirmaciones son que las dice un Papa y que, como él mismo dice, nos plantea un cambio de mentalidad de 180 grados. Si la fe no es necesaria para la salvación, y por tanto el bautismo y la pertenencia a la Iglesia, ¿cuál es la utilidad de la fe o cuál es su necesidad? ¿Cuál es su conveniencia para quienes ya somos bautizados? Si podemos salvarnos sin la fe y el camino ...